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Tokyo Blues: Una Proyección


























En un principio, leer Tokio Blues con fines meramente académicos es una cosa complicada: “ahora quien sabe de qué trate” sin desprestigiar las novelas anteriores, todas son buenas. Todo empieza a tomar un aire diferente. En un principio el nombre Tokio Blues le causa ruido: “¿Qué tiene que ver el Blues occidental con Tokio?” es tanta su curiosidad que llega a casa y lo empieza a leer. Aún con su gran esfuerzo por terminarlo (que lo hará), hoy no conoce el final de la novela por lo que sigue viviendo con la duda del porqué.


Su sorpresa se encuentra en el primer capitulo, tiene la sensación de estar viendo una película, alcanza a distinguir perfectamente la cara del protagonista, y por momentos alcanza a escuchar su tono de voz. En ese momento, Watanabe es un adulto. Se percata de una transición de tiempo y espacio, en un principio no logra identificar a la perfección, vuelve a empezar. Ya comprendió el espacio-tiempo.


Paginas más adelante lee el nombre de Billy Joel: “oh, es la primera vez que veo el nombre de Billy Joel en un libro” la situación se vuelve por demás interesante y con el correr de las paginas, se siente parte de la novela, visualiza perfectamente a todos los personaje, incluso se emociona con la personalidad de cada cuál, se ríe con las muecas y gesticulaciones de Reiko: “¡Que mujer tan cagada!” piensa. Tropa-de-Asalto: “¡¡Lo quiero conocer!! e-e-e-eso es t-t-to-to-todo amigos”


Se siente identificado con el joven Watanabe y su amigo Nagasawa, los siente como sacados de su cabeza: “¡Esa es mi filosofía de vida!”. Para este punto de la lectura, va caminado atravesando el metro CU, cauteloso de no chocar con la gente, su mirada esta en los párrafos. Sonríe.


“Que mujer tan extraña es Naoko, es todo un caso para estudiar” No entiende exactamente lo que pasa con ella, si está enamorada o sólo busca compañía: “Debe de sentirse muy sola, que mal plan”.


Empieza a viajar, visualiza Tokio, y aprende de la cultura Japonesa, ya observa el letrero. RESIDENCIA AMI. PROHIBIDO EL PASO A EXTRAÑOS. Siente satisfacción.


Las paginas muestran y muestran infinidad de nombres de libros y músicos clásicos y contemporáneos (de su época mejor dicho), piensa que el autor no es aburrido: “Haruki le sabe, que bonito repertorio...” Las pocas canciones que conoce, las escucha en su cabeza y piensa que es adecuada para la situación, siente felicidad. Vuelve a sonreír: “Muy buena musicalización”.


Cree que el autor maneja una especie de magia que envuelve al más insensible, porque esto nunca le había pasado. Se atreve a pensar que ya conoce las montañas más alejadas de Japón cuando ni siquiera tiene pasaporte, los pavos reales, las gallinas y al medico chiflado de la Residencia AMI. El perro de la montañas le provoca ternura, siente como si el que lo acariciara fuera él y no Watanabe.


“¡Qué ganas de ver a Naoko!” Cree que se necesita mucho amor para hacer viaje tan largo: “Yo lo haría, pero su tuviera la certeza de que me aman...”. En este caso cree que no es así. Sin embargo comparte la idea de ayudar a los demás y que no siempre las cosas son como uno quiere: “Debería de darle una “oportunidad de verdad” Naoko a Watanabe, es cuestión de decisión, ¿qué le cuesta?”. Sigue pensando que Naoko lo único que quiere es compañía.


En esta parte de la novela, la atmósfera se torna tranquila y él entra en un estado de aislamiento junto con Watanabe. Se deja llevar por las palabras y frases del autor, por momentos siente que pierde la conciencia y que entra en un estado de reposo absoluto. Regresa a la realidad pero se vuelve a ir.


¡Que buena película! piensa. Las escenas eróticas lo evocan a su propia vida, muy diferente que Watanabe pero recuerda el sentir muy a su manera. El nivel de detalle lo impresionan: “¡Es un trabajo extraordinario!”.


Siente que la novela es larga, muy larga por el nivel de detalle que contiene y la infinita descripción de los lugares y cosas:”Todo esto es en tiempo real, por eso es tan larga” le comenta a su amiga Andrea.


Naoko dice: “Eres mi única conexión con el mundo exterior”. Él piensa: “Tss... que fuerte, creo que sí tiene problemas muy serios, necesita ayuda”. Empieza a reflexionar sobre el mundo “real” y su posible exclusión de éste: “¿Pero que tendrá en la cabeza como para sentirse mejor en el olvido de las montañas, alejada de la civilización, a lado de gente peor que ella?.


Siente que ha vivido todas las situaciones de la novela, en cierta medida se siente cansado, como si hubiera subido él mismo las montañas, tiene muchas preguntas sin responder ademas del titulo de la novela, ahora es necesario terminar la historia. En cierta forma lo siente como un Blues al estilo japonés, pero no se quiere adelantar hasta haberla terminado.





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