
El deseo es quizá el sentimiento más intenso encerrado en el ser humano y se entiende hasta que rompe los límites de la razón, sólo hasta que se siente en carne propia. Es difícil imaginar trabajos tan llenos de poder y persuasión no para el lector, sino para su inconsciente. Una novela donde se logra extraer de lo más profundo del lector, sus mejores deseos y pasiones.
Es ahí donde radica el éxito de esta novela, en un dialogo muy profundo entre su autor y el inconsciente. ¿En qué momento te atrapa y te despoja de tus miedos, virtudes y deseos? Una sensación que se apropia, te domina, te contiene, te libera en un mismo instante. Vaya que sí estás sintiendo erotismo y deseos puros.
Te das cuenta de esto en un instante en el que tu cuerpo está en reposo, en recuperación de un día difícil, en donde tu vida se encuentra en un momento delicado de sentimientos y circunstancias, por el momento has leído los primeros capítulos y duermes... sin saber lo que te aguarda...
Estás en clase, como cualquier otro día, las cortinas están cerradas y la luz apagada. Escuchas las indicaciones del profesor, las sigues al pie de la letra. Por el momento te quedarás sentado en una silla, no hay más. Se prende el televisor y se proyecta algo, quizás sea una película, ciertamente no lo sabes. Sientes aire frío, y cruzas los brazos. Vez la luz del televisor en tus ojos, y en una mirada rápida, alcanzas a ver las sombras quietas de los demás que no pierden atención a lo que ven.
En un instante inesperado y sin saberlo, hay calor al rededor de tu cuerpo. Dejas de sentir frío y sueltas los brazos, los mueves hacía atrás y sientes algo suave. De pronto estás en una cama, pero aún sigues en el salón, sólo que en otro lugar, el rincón del salón. Una silueta está recargada en la pared sentada en la cama. La volteas a ver, intentas reconocerla, ya sabes quién es...
Se acerca. Muy lentamente. Se detiene justo frente a ti, te mira y sus ojos brillan como siempre, sientes ese destello en el corazón... sonríe y te besa, despacio. Como si estuviera saboreando un durazno, te arranca el alma entera y tú solo te dejas morir en sus labios. El cuerpo se te eriza al ritmo de su beso, lento, suave, delicado...
Abres los ojos y sigues sintiendo aquel beso asesino, haz despertado, es de mañana. Miras tus brazos de piel de gallina, tu pecho contiene un extraño vacío. Estás sorprendido de aquel sueño, si es que fue un sueño. Ya es tarde, hay que levantarse...
Yo soy una fiel víctima de eso: sueños de deseo.
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